Economía: Desde el Tratado de Versalles al euro

Jun 20, 2019 ROBERT SKIDELSKY

LONDRES – Este mes se conmemora el centenario de la firma del Tratado de Versalles, uno de los acuerdos que condujeron al fin de la Primera Guerra Mundial. En cierto sentido, ha habido un vuelco de situación. Ya que el tratado impuso enormes reparaciones de guerra a Alemania, y la Alemania de hoy ha tomado la iniciativa de imponer grandes obligaciones de deuda a Grecia, su Estado miembro de la eurozona.

Aunque desde el año 1919 los membretes que señalan quiénes son acreedores y quiénes deudores se volvieron a entremezclar, el juego sigue siendo el mismo. Los acreedores quieren su libra de carne, y los deudores quieren evitar dársela. Los deudores quieren que sus deudas sean perdonadas, mientras que los acreedores se preocupan por el “riesgo moral” e ignoran los efectos desestabilizadores y contagiosos de hacer que los países deudores sean más pobres. Lamentablemente, la eurozona no aprendió las lecciones sobre la deuda que nos dejó el Tratado de Versalles, ni prestó atención a las advertencias de John Maynard Keynes.

Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, los aliados victoriosos se empecinaron en que Alemania debería realizar una “reparación” por el daño que había causado durante la guerra, esto se exigió, en parte, para pagar las deudas que dichos países sostenían unos con otros. Sin embargo, no lograron ponerse de acuerdo en una cifra final de indemnización durante su reunión en Versalles, por lo que en vez de arribar a un acuerdo, asignaron dicha tarea a una Comisión de Reparaciones para que sea ella la que determine, hasta el año 1921, dicho monto.

https://www.project-syndicate.org/commentary/versailles-treaty-keynes-debt-lessons-for-eurozone-by-robert-skidelsky-2019-06/spanish?barrier=accesspaylog

Economía: La caída del imperio de los economistas

Jul 22, 2019 ROBERT SKIDELSKY

LONDRES – El historiador Norman Stone, fallecido en junio, siempre insistía en que los estudiantes de historia aprendan idiomas extranjeros. El lenguaje nos da acceso a la cultura de un pueblo, y la cultura, a su historia. Esta nos dice cómo ese pueblo se ve a sí mismo y a los demás. De modo que saber idiomas debería ser un componente esencial del instrumental técnico de los historiadores. Es la clave para comprender el pasado y el futuro de las relaciones internacionales.

Pero la creencia en la importancia fundamental de conocer idiomas particulares ha ido menguando, incluso entre los historiadores. Todas las ciencias sociales, en mayor o menor grado, parten del anhelo de un lenguaje universal en el que puedan amoldar aquellos datos particulares que se adapten a su visión de las cosas. Su modelo de conocimiento aspira a la precisión y a la generalidad de las ciencias naturales: en cuanto comprendamos la conducta humana en términos de algún principio universal y (sobre todo) ahistórico, podremos aspirar a controlarla (y por supuesto, mejorarla).

Ninguna ciencia social sucumbió a esta tentación tanto como la economía. Su lenguaje universal preferido es la matemática. Sus modelos de la conducta humana no se basan en la observación rigurosa, sino en hipótesis que si no están sacadas de la galera, están sacadas inconscientemente del entorno intelectual y político del economista. A continuación, estas hipótesis forman las premisas de razonamientos lógicos del tipo “todas las ovejas son blancas, de modo que la próxima oveja que me encuentre será blanca”. En economía: “Todos los seres humanos son maximizadores racionales de la utilidad. De modo que en cualquier situación, siempre actuarán de modo tal de maximizar la utilidad”. Este método confiere a la economía un poder predictivo exclusivo, especialmente porque la utilidad económica se puede expresar y manipular cuantitativamente. En palabras de Paul Samuelson, convierte a la economía en “la reina de las ciencias sociales”.

En principio, los economistas no niegan la necesidad de validar sus conclusiones. Podríamos pensar que en esto la historia ha de ser particularmente útil: ¿será verdad que todas las ovejas son blancas, en cualquier lugar y en cualquier clima? Pero la mayoría de los economistas desdeñan la “evidencia” de la historia, a la que consideran poco mejor que un anecdotario. Su acercamiento a la historia es por una sola vía: la econometría. En el mejor de los casos, el pasado es un campo para la investigación estadística.

El economista Robert Solow formuló una crítica devastadora de la identificación de la historia económica con la econometría, o “ceguera histórica”, como la denomina:

“Las mentes más brillantes de la profesión actúan como si la economía fuera la física de la sociedad: hay un único modelo universalmente válido, sólo hace falta aplicarlo. Podríamos arrojar a un economista moderno desde una máquina del tiempo (…) en cualquier tiempo o lugar, provisto de su computadora personal, y enseguida pondría manos a la obra, sin siquiera molestarse en preguntar en qué lugar o tiempo está”.

En síntesis, gran parte de la modelización histórica de los economistas da por sentado que la gente en el pasado tenía en esencia los mismos valores y motivos que nosotros en la actualidad. El premio Nobel de Economía Robert Lucas llevó esta metodología hasta su conclusión lógica: “la construcción de un mundo mecánico, artificial, poblado por (…) robots interactuantes (…), que sea capaz de exhibir una conducta que a grandes rasgos se parezca a la del mundo real”. La economía se plantea como objetivo reemplazar los lenguajes particulares que obstaculizan el descubrimiento de leyes generales con el lenguaje universal de la matemática.

Elon Musk lleva los robots interactuantes de Lucas un paso más allá, con su ambición de vincular el cerebro humano directamente con el mundo (otros cerebros humanos incluidos). Nuestros pensamientos se socializarán directamente sin la intermediación de ningún lenguaje. Bastará pensar “¡ábrete, puerta!”, y la puerta se abrirá. Mientras los economistas sueñan con poner a Dios en sus modelos, los ciberutopistas sueñan con revertir la caída del hombre creando humanos con características divinas.

Seamos claros: esto es la apoteosis de una fantasía de Occidente, que todavía se ve a sí mismo como el portador de la civilización universal, y al resto del mundo como un indicador cultural retrasado. Y aunque la economía perdió autoridad en Occidente, esto no hizo mella en la propensión de Occidente a exportar su civilización. El lugar de la “buena economía” ha sido ocupado en parte por un compromiso con los derechos humanos universales, como forma de salvar al mundo de sí mismo, pero el objetivo es el mismo: señalarle al resto del mundo sus defectos.

Aquí encontramos una paradoja. El triunfo del universalismo se produce justo cuando el poder occidental se derrumba. Y fue ese poder lo que hizo que lo occidental pareciera universal, en primer lugar. No fue el misionero sino el conquistador el que difundió el cristianismo por el mundo.

Lo mismo vale para la ciencia social occidental y los valores occidentales en general. El resto del mundo adoptó el modelo occidental de progreso (especialmente el progreso económico) para poder liberarse de la tutela occidental. Esto todavía da a la economía (una invención occidental) su eficacia: es una especie de magia del hombre blanco. Pero si detrás de la magia no hay poder y autoridad, su atractivo desaparecerá. El resto del mundo aún querrá emular el éxito occidental, pero lo buscará por sus propios medios. La Universidad de Chicago y el MIT cederán paso a universidades en China o la India, y el mundo elegirá qué valores occidentales adoptar.

Pero el mundo necesita algo universal que nos dé un sentido de humanidad compartida. El gran desafío (para usar esa palabra tan trillada) es desarrollar lo que el filósofo Thomas Nagel llamó una “mirada desde ningún lugar” que trascienda a la vez el fetichismo cultural y el cientificismo, y que no nos obligue a elegir entre los dos. Y eso es tarea para la filosofía, no la economía. https://www.project-syndicate.org/commentary/western-power-underpinned-universalism-of-economics-by-robert-skidelsky-2019-07/spanish

Economía: El caso para un trabajo garantizado

16 de agosto de 2019 ROBERT SKIDELSKY
El trabajo de un gobierno es proteger a su gente de la desgracia, en particular la falta de trabajo, y uno que abandone este deber de cuidado al mercado merece ser expulsado. Este es el mejor argumento para dar a un programa gubernamental de garantía de empleo un juicio justo.

LONDRES – «Cualquier gobierno», escribe el economista y administrador de fondos de cobertura Warren Mosler, «puede lograr el pleno empleo ofreciendo un trabajo de servicio público a cualquiera que quiera uno con un salario fijo». Las versiones de esta idea han recibido el respaldo de destacados demócratas. políticos en los EE. UU., incluidos el candidato presidencial Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez, que ha vinculado una garantía de trabajo del gobierno a un New Deal verde. Además, se han implementado versiones de un programa de garantía de empleo (JGP), más o menos relacionado con la economía verde, en Argentina, India, Sudáfrica y, susurro en voz baja, Hungría bajo su líder populista iliberal, Viktor Orbán.

En los Estados Unidos, en diciembre de 2017, 6.6 millones de personas se consideraban oficialmente desempleadas, 4.9 millones trabajaban a tiempo parcial pero querían trabajar a tiempo completo, y 5.9 millones querían trabajar pero no se contabilizaron en las estadísticas oficiales. En otras palabras, al menos 17.4 millones de estadounidenses querían pero no pudieron encontrar trabajo estable y bien remunerado.

Los economistas L. Randall Wray, Flavia Dantas, Scott Fullwiler, Pavlina R. Tcherneva y Stephanie A. Kelton han propuesto que el gobierno de los EE. UU. Garantice a todos los solicitantes de empleo tanto trabajo como quieran, hasta un límite semanal de, digamos, 35 horas – con un salario fijo de $ 15 por hora. Hoy, tal JGP podría emplear a unos 16 millones de trabajadores estadounidenses y costar alrededor del 2% del PIB de los Estados Unidos. El desempleo no deseado, como lo conocemos desde la Revolución Industrial, ya no existiría.

https://www.project-syndicate.org/onpoint/the-case-for-a-guaranteed-job-by-robert-skidelsky-2019-08?barrier=accesspaylog

Economía: Caída y ascenso del heroísmo público

Aug 21, 2019 ROBERT SKIDELSKY

LONDRES – Recientemente vi The Man Who Was Too Free(El hombre que era demasiado libre), un documental conmovedor sobre el político disidente ruso Boris Nemtsov, que fue abatido a tiros frente al Kremlin en 2015. Nemtsov, un joven apuesto que había sido una estrella política en ascenso en los años 1990, luego se negó a doblegarse al autoritarismo del presidente ruso, Vladimir Putin, y se pasó a las filas de la oposición, donde fue hostigado, encarcelado y finalmente asesinado. El filme me dejó pensando en el papel debilitado del heroísmo y del coraje en la vida moderna, y también en el destino de Rusia.

El heroísmo es un producto de situaciones extremas –que, clásicamente, involucran guerra y violencia-. Como el estilo de vida occidental de hoy no es extremo, el valor del heroísmo ha caído. Pero su cepa está creciendo en gran parte del resto del mundo, inclusive en Rusia.

El héroe es noble y a la vez autodestructivo. Él o ella no sólo prefiere una muerte honorable a una vida deshonrosa, sino también preferiría morir joven y de manera gloriosa a prolongar una existencia larga y comprometida plagada de honores fácilmente obtenidos (y olvidados). Héctor en La Ilíada de Homero dice: “Es verdad que muero, pero muero grande”. La vida heroica es inherentemente trágica; la inmortalidad es su única recompensa.

Nemtsov fue fundido en este molde. Según algunas de las personas entrevistadas en el filme, creía que, al haber sido anteriormente ministro de gobierno, y en algún momento el sucesor preferido de Boris Yeltsin para la presidencia de Rusia, nunca sería asesinado. Sin embargo, me pareció que estaba desafiando al régimen de Putin a que lo matara.

A diferencia del heroísmo, el coraje no necesariamente es trágico. Pero ha sufrido un destino similar. La guerra, la principal arena para desplegar coraje, ha perdido importancia y hoy es más mecánica que laboriosa. Y, si bien admiramos debidamente los actos de coraje personal, ya no lo exigimos como una virtud pública. No esperamos que nuestros políticos sean como los reyes que alguna vez conducían a sus tropas a la batalla, sino simplemente calificados y convenientemente insensibles.

El coraje moral, a diferencia del coraje físico, es una virtud civil más que militar. Una persona puede tener miedo del daño físico, pero ser moralmente temerario. Pero el coraje moral siempre ha sido menos admirado que el coraje físico, porque implica ir a contramano de todo. Los gobernantes lo odian porque “le dice la verdad al poder”, e incomoda a las masas porque enfrenta sus prejuicios.

Desde un punto de vista ético, se ha considerado que el coraje moral es la forma más elevada de coraje en la era liberal, porque es deliberado, no instintivo. Pero su valor ha disminuido junto con las sanciones por expresarlo. Las opiniones alguna vez consideradas valientes hoy son simplemente “polémicas” y, si bien podrían desencadenar la pérdida de un empleo o de amigos, no es lo mismo que ser quemado en la hoguera.

En los años 1660, el filósofo Thomas Hobbes prefiguró la caída del heroísmo y del coraje público cuando escribió de los ciudadanos que “cuanto menos se atrevan, mejor es, tanto para el estado como para sí mismos”. El crecimiento del profesionalismo, y la difusión del comercio y la industria pacíficos, redujeron la necesidad de actos heroicos o valientes. La tendencia general de la ciencia moderna y de la organización social ha sido crear un mundo en el que el coraje y otras virtudes ya no sean necesarios. En Occidente, al menos, los actos de heroísmo y de valor hoy están confinados al escenario y a la pantalla, donde los podemos admirar sin tener que sufrir sus consecuencias.

El heroísmo y el coraje siempre han sido considerados virtudes masculinas. En su famoso discurso de Tilbury en los tiempos de la Armada Española, la Reina Isabel I de Inglaterra apeló al estereotipo al declarar “Sé que tengo el cuerpo débil y frágil de una mujer; pero tengo el corazón y el estómago de un rey”. Se creía que las mujeres con corazón de hombre eran excepcionales. Inversamente, Hobbes sostenía que “los hombres con coraje femenino” debían ser eximidos del servicio militar, debido al riesgo de que pudieran desertar. Y Adam Smith no era el único que temía que el comercio hiciera que la población se volviera “afeminada y ruin”.

El enorme reservorio de coraje mayormente desaprovechado, especialmente del tipo moral, que constituyen las mujeres por lo general ha sido ignorado por los escritores (masculinos). Sin embargo, la emancipación de las mujeres fue el resultado de un creciente coraje femenino. Hannah Arendt, que huyó de la Alemania de Hitler en los años 1930, dio muestras de un coraje moral ejemplar al escribir su libro de 1963 Eichmann en Jerusalén: un informe sobre la banalidad del mal, sobre el juicio al cerebro logístico del Holocausto. Tampoco debería sorprendernos que mujeres jóvenes, más recientemente la adolescente Greta Thunberg, hayan surgido como líderes políticos ecologistas. Las mujeres, por ende, están compensando la caída del coraje masculino en la vida pública, algo que a muchos hombres les resulta profundamente incómodo.

Esto me retrotrae a Nemtsov y a Rusia. En 1996, Nemtsov era el único político ruso “liberal” que sostenía que al recientemente derrocado Partido Comunista, que en ese momento lideraba las encuestas, se le debía permitir competir en la elección presidencial del país. Decía que era la única manera de establecer una tradición de traspasos legítimos del poder. Otros liberales rusos pensaban que Nemtsov estaba loco. Tal como resultó después, la reelección de Yeltsin fue comprada de manera corrupta, y su sucesor, Putin, se ha mantenido en el poder por una suerte de “dictadura blanda”. Pero Nemtsov fue profético al defender la democracia genuina como la única forma moderna legítima de gobierno.

Desde 2011, el régimen de Putin se ha mostrado cada vez más frágil frente a las crecientes manifestaciones callejeras en Moscú y otras ciudades rusas. Cuando ya no se puede confiar en que esos regímenes brinden prosperidad económica, su futuro se ve amenazado en tanto nuevos héroes se alzan en su contra. Esta es la lección que se vislumbra no sólo en Rusia, sino también en Oriente Medio y el este de Asia. 

En gran parte del mundo, entonces, el valor del heroísmo vuelve a crecer. El futuro tal vez no recaiga en los políticos y los diplomáticos, sino en aquellos hombres –y mujeres- que no tienen miedo a morir. https://www.project-syndicate.org/commentary/rise-and-fall-of-public-heroism-by-robert-skidelsky-2019-08/spanish

Economía: Las Consecuencias Económicas de la Automatización

Sep 18, 2019 ROBERT SKIDELSKY

La teoría económica no proporciona una respuesta clara con respecto al impacto general del progreso tecnológico en los empleos. E incluso si la automatización ha sido tradicionalmente beneficiosa a largo plazo, los responsables políticos nunca deberían ignorar sus efectos disruptivos a corto plazo en los trabajadores.

LONDRES – Mientras Brexit captura los titulares en el Reino Unido y en otros lugares, la marcha silenciosa de la automatización continúa. La mayoría de los economistas ven esta tendencia favorablemente: dicen que la tecnología puede destruir empleos a corto plazo, pero crea nuevos y mejores empleos a largo plazo.

La destrucción de puestos de trabajo es clara y directa: una empresa automatiza una cinta transportadora, una caja de supermercado o un sistema de entrega, mantiene a una décima parte de la fuerza laboral como supervisores y despide al resto. Pero lo que sucede después de eso es mucho menos obvio.

El argumento económico estándar es que los trabajadores afectados por la automatización inicialmente perderán sus empleos, pero la población en su conjunto será compensada posteriormente. Por ejemplo, el economista ganador del Premio Nobel Christopher Pissarides y Jacques Bughin del Instituto Global McKinsey argumentan que una mayor productividad resultante de la automatización «implica un crecimiento económico más rápido, más gasto de los consumidores, mayor demanda laboral y, por lo tanto, una mayor creación de empleo».

Pero esta teoría de la compensación es demasiado abstracta. Para empezar, necesitamos distinguir entre innovación que “ahorre trabajo” y “aumento de trabajo”. La innovación de productos, como la introducción del automóvil o el teléfono móvil, aumenta la mano de obra. Por el contrario, la innovación de procesos, o la introducción de un método de producción mejorado, ahorra mano de obra, ya que permite a las empresas producir la misma cantidad de un bien o servicio existente con menos trabajadores.

Es cierto que los nuevos empleos creados por la innovación de productos pueden compensarse con un "efecto de sustitución", ya que el éxito de un nuevo producto hace que la mano de obra empleada en la producción de uno viejo se vuelva redundante. Pero el mayor desafío proviene de la innovación de procesos, ya que esto solo desplaza empleos y no crea nuevos. Donde la innovación de procesos es dominante, solo los mecanismos compensatorios pueden ayudar a prevenir el aumento del desempleo, o lo que el economista británico David Ricardo llamó la "redundancia" de la población.

Existen varios mecanismos de este tipo. Primero, el aumento de las ganancias conducirá a una mayor inversión en nuevas tecnologías y, por lo tanto, en nuevos productos. Además, la competencia entre empresas llevará a una reducción general de los precios, aumentando la demanda de productos y, por lo tanto, de mano de obra. Finalmente, la reducción de los salarios causada por el desempleo tecnológico inicial aumentará la demanda de mano de obra e inducirá un cambio hacia métodos de producción más intensivos en mano de obra, absorbiendo a los trabajadores despedidos.
https://www.project-syndicate.org/commentary/automation-impact-jobs-unemployment-by-robert-skidelsky-2019-09

Es el populismo

04/09/2019

La popularidad del Presidente está por las nubes y el gobierno va mal.

¿Sólo en México puede ocurrir algo así?

No, eso también sucedió con Chávez y con Maduro en Venezuela, y en otros países latinoamericanos.

Así es el populismo. En eso estamos.

El populismo es sinónimo de ineficacia. No hay manera de que esto en que nos embarcamos salga bien.

Empiezan con la conformación de sólidas clientelas electorales y sin enemistarse con las élites económicas.

Cuando ya usaron a los agentes económicos y el “modelo” fracasa, viene el señalamiento de culpables: a “los empresarios que se me rajaron”, a los medios de comunicación y sus periodistas y dueños, a Estados Unidos, a los conservadores. En resumen: a “nuestros adversarios”.

Esperemos que no suceda en México, pero el librito dice que también viene el manotazo contra las instituciones democráticas, la reelección, las persecuciones, los exilios, las expropiaciones, etcétera.

Decía con precisión Alejandro Moreno, encuestador de El Financiero, que la popularidad presidencial no es indicador de buen o mal gobierno.

En la encuesta que publicamos el viernes en estas páginas, la mayoría de la población reprueba al gobierno en el manejo de la economía, la seguridad y la corrupción.

Va mal el gobierno, pero aplauden al Presidente.

¿Con qué va a financiar el sostenimiento de su popularidad, si no tiene el petróleo que tuvo Chávez y Maduro en Venezuela?

Lo hará destruyendo el presupuesto: los “ahorros” servirán para fortalecer su base de apoyo. Ya hay 198 mil millones de subejercicios, y vienen más.

El populismo es adiposo. Es difícil de desprenderse.

Los errores que cometen son descomunales, y no les importa. A la gente, por ahora, tampoco.

La cancelación del NAIM ha sido uno de los más graves daños patrimoniales a la nación.

El secretario de Comunicaciones y Transportes dio a conocer que ya se liquidaron los contratos del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y que el costo fue de 75 mil millones de pesos.

A eso hay que sumar 60 mil 291 millones de pesos pagados con anterioridad.

Y aún faltan por pagarse cuatro mil 200 millones de dólares en bonos a inversionistas extranjeros (sólo se han pagado mil 800 millones de dólares, de un total de seis mil millones). Dicho en pesos, faltan por pagarse 88 mil 400 millones.

El total de lo pagado y por pagarse para no construir el NAIM es de 223 mil 691 millones de pesos.

Pagamos mucho más por destruirlo que por construirlo.

Y vamos a perder al no contar con las 746 hectáreas en la CDMX, que quedarían libres con el cierre del actual aeropuerto, para construir ahí otra Ciudad Universitaria, parques, viviendas, etcétera.

No. Se hacen cien universidades al vapor para formar cuadros políticos para el nuevo régimen.

La mayoría de la gente, sin embargo, le aplaude al Presidente.

No hay para medicinas, se despiden a decenas de miles de trabajadores del gobierno, y tiran el dinero en destruir una obra porque no le gusta al Presidente.

Durante la semana pasada tuvimos otro ejemplo de ineficacia populista en seguridad pública.

Luego de la matanza del 19 de abril en Minatitlán (15 asesinatos en una fiesta), el gobierno anunció que enviaba a mil 059 elementos para cubrir esa ciudad, Coatzacoalcos y Cosoleacaque.

Siguieron los homicidios y apenas el martes pasado asesinaron a 29 personas en un bar en Coatzacoalcos.

La Guardia Nacional sólo sirve para corretear y detener migrantes centroamericanos, pero no combate ni frena la delincuencia de los grandes grupos criminales.

Tienen órdenes de dejarse golpear “por el pueblo”, al que “no se le reprime”.

Populismo puro… e ineficacia comprobada.

Le devolvieron el poder a la CNTE y al SNTE en educación, porque importa más el respaldo político de sus agremiados e influencia en los padres de familia, que formar alumnos aptos para desenvolverse en la vida moderna sin el subsidio del gobierno.

En corrupción van pésimo: no la han frenado.

Mueran los corruptos del pasado, los de ahora no, porque son nuestros.

La Secretaría de la Función Pública informó que las denuncias por corrupción se han incrementado 40 por ciento respecto al último año del sexenio anterior.

De los seis mil 469 centros de trabajo donde supuestamente laboran Jóvenes Construyendo el Futuro, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad constató que sólo existen 763 (de un total de cinco mil 439 revisados).

Se canceló el NAIM por “estudios” del contratista José María Riobóo, quien había concursado para la ingeniería de las pistas y perdió.

¿Y quién está al frente del proyecto Santa Lucía del gobierno federal? Su socio.

Los señalamientos concretos y documentados acerca de la riqueza inexplicada de varios miembros de su gabinete –no sólo de uno– equivalen a muchas casas blancas.

El Presidente puede llegar a 80 por ciento de aprobación, y eso no quiere decir que esté gobernando bien.

Ya se están dando los primeros golpes a la democracia, a los contrapesos del poder e instituciones que el populismo siempre acaba por destruir, porque son incompatibles con su esencia. No pueden coexistir.

https://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/es-el-populismo

Fracasó la última traición de Porfirio

05/09/2019

Porfirio Muñoz Ledo no declinó en su puja por reelegirse al frente de la Cámara de Diputados “para no poner en riesgo el orden constitucional”, como dijo ampulosamente el legislador cuando se vio perdido.

Declinó porque lo bajaron desde Palacio Nacional.

Creyó que había llegado la hora del asalto al poder.

Apoyó el intento de reelección de Batres en el Senado de una manera tan grotesca como promovió la suya: “No al Golpismo”, decía la pancarta que sostenía en sus manos, pues por ley debía entregar el puesto a un parlamentario de oposición, y no quería.

Patético.

¿Asalto al poder con apenas nueve meses de gobierno? ¿Sin haber consolidado un partido? ¿Con instituciones en pie?

El ego y la ambición de Muñoz Ledo lo traicionaron.

Si es que se piensa en alguna reelección, no es para él. Aunque se llame Porfirio.

A diferencia de la maniobra de Martí Batres en el Senado para reelegirse, que tuvo el freno de Ricardo Monreal, en la Cámara de Diputados Muñoz Ledo contó con todo el respaldo del líder de Morena, Mario Delgado.

La izquierda que luchó por una representación plural en el Congreso, no lo hacía por convicción, sino por oportunismo.

Apenas llegaron al poder, en apenas nueve meses, los morenistas quieren sacar a la oposición de los puestos directivos del Poder Legislativo.

Y reelegirse con las mismas personas. Vaya demócratas.

Son insaciables en su apetito de poder.

Si a Morena no le ponen un freno fuerte las instituciones y los electores, sí va a haber golpismo, lo estamos viendo.

En Veracruz la mayoría morenista destituyó ilegalmente al fiscal autónomo del estado para poner a una empleada del gobernador.

Anunció el Congreso de Baja California que hará una “consulta popular” para violar la Constitución y el gobernador electo para dos años extienda su mandato a cinco.

En Quintana Roo la mayoría morenista del Congreso desapareció la Junta de Coordinación Política (Jucopo) y revivió la vieja figura de la Gran Comisión, en la que el partido mayoritario tiene todo el poder.

Así van. Esas son sus intenciones, pero no entienden de tiempos. Están enseñando el cobre muy temprano.

Y tan preocupantes son estos signos, como penosos los argumentos de Muñoz Ledo para aparentar decoro en su reversa a la reelección.

“Lo hago por congruencia”, dijo. Y panistas, priistas y respetados amigos en los medios y en las redes se lo festejan. Por favor.

Qué congruencia hay en un hombre que después de la matanza de Tlatelolco hizo un discurso, como dirigente juvenil del PRI, para defender en nombre de la patria la decisión del presidente Díaz Ordaz.

Décadas adelante, ese mismo orador propuso poner en letras de oro, en la Cámara de Diputados, a los caídos en movimiento estudiantil del 68.

Qué congruencia hay en un político que como líder del PRI –con el presidente Echeverría–, pudiendo abrir brecha a la democracia y reconocer el triunfo claro y amplio de Alejandro Gascón Mercado en Nayarit, negoció con el PPS para bajarlo a cambio de una senaduría al dirigente de ese partido.

Le arrebató el triunfo a Gascón como gobernador nayarita (habría sido el primero de oposición), y en su lugar entró el general Rogelio Gómez Curiel, jefe de la policía capitalina en la matanza del 10 de junio de 1971 (el halconazo).

Imposible hablar de congruencia con quien fue presidente del PRI en la única campaña donde sólo hubo un candidato, el del PRI, José López Portillo.

Se salió del PRI cuando el dedo del presidente De la Madrid apuntó a un candidato distinto al suyo.

Qué congruencia puede haber en un político que fundó y presidió el PRD, y renunció porque el candidato presidencial en 2000 fue Cuauhtémoc Cárdenas y no él.

Boicoteó a Cárdenas y lanzó su candidatura paralela a quien lo había rescatado del ostracismo. Quería ser candidato y lo hizo por el PARM. Le fue fatal en los debates y sus números andaban cercanos a cero.

Declinó y el partido que lo postuló se quedó sin candidato y perdió el registro. Mientras él, Porfirio, en lugar de ir a apoyar a su antiguo protector Cuauhtémoc Cárdenas en la recta final de la campaña, se fue al carro del que iba a ganar: el panista Vicente Fox.

Ese dechado de congruencia que dicen que es Porfirio, recibió a cambio la embajada de México ante la Unión Europea.

Cuando el foxismo comenzó su declive, renunció y regresó al país para hablar mal, en medios y en mítines, del nuevo ingenuo que lo había querido rescatar: Vicente Fox.

El que ahora mencionan como un demócrata congruente, llamó públicamente a derrocar al presidente Calderón.

Y luego a derrocar al presidente Peña Nieto, a quien seguramente conoció en Finanzas del gobernador Montiel, su amigo, al que jamás agradeció nada cuando cayó en desgracia por las pugnas en el PRI.

¿Ese es el ejemplo de congruencia que aplauden?

No. Porfirio no es un paradigma de la congruencia, sino un artista de la traición.

Hace meses hice en estas páginas, a propósito de Muñoz Ledo, una mención de otro genio del arte de traicionar, aunque histórico: José Fouché (El Financiero 27-11-2018. Porfirio, nuestro Duque de Otranto).

Fue demasiado para él. Ahora que fracasó su última traición, se baja del escenario derrotado, con la divisa de los incongruentes: si no puedes con tu enemigo, únete a él.

https://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/fracaso-la-ultima-traicion-de-porfirio

¿Contento, profesor Ackerman?

06/09/2019

Marcharon y presionaron hasta la saciedad para echar abajo la versión de que los sicarios de Guerreros Unidos secuestraron y asesinaron a los normalistas de Ayotzinapa, hoy se dicen indignados por la liberación de uno de los coordinadores de ese horrendo crimen, Gildardo López Astudillo.

Coordinó el crimen de los normalistas “hasta hacerlos polvo” para que nadie los encuentre.

Hoy El Gil está libre, y con los mismos argumentos seguramente quedará en libertad el jefe de El Gil y líder del cártel Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias.

¿Ya satisfecho, profesor Ackerman?

¿O volverá a acompañar a alguien a la OEA en Washington para convencerlos allá de que los mató el Ejército?

¿Misión cumplida, “forenses” del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI)?

Parece que no: la nueva administración los volvió a contratar y pronto los tendremos haciendo hoyos en los cuarteles de Guerrero “para encontrar” a los estudiantes.

Los promotores de que toda la acusación fue una patraña producto de torturas de la PGR pasada, fueron el GIEI, los asesores legales de los padres de los 43 normalistas, y las organizaciones políticas que hoy están en el poder.

Ellos tenían la obsesión política de construir una historia para enlodar al Ejército mexicano, aun a costa de liberar a los culpables de la masacre.

La consigna era gritar y juzgar: fue el Estado.

Con la liberación de El Gil dieron un paso clave para soltar a todos los criminales.

A través de sus presiones han logrado que 44, de poco más de cien detenidos, hayan quedado en libertad.

“Culpa de la PGR pasada que hayan soltado a El Gil”, dicen y se refocilan en cartones y columnas.

Su interés no era encontrar a los responsables del asesinato colectivo, sino culpar al Estado.

Y ahora que están en la conducción del Estado, ¿a quién van a culpar luego de este “triunfo”?

¿Seguirán insistiendo en que fueron esos nobles servidores de México, vestidos de verde, a los que ahora les ordenan dejarse golpear y humillar por los delincuentes?

El GIEI descalificó toda la investigación de la PGR pasada sobre la base de que las confesiones fueron arrancadas bajo tortura y así fabricar una verdad histórica.

No hay ninguna prueba de que los asesinos confesos hayan sido torturados, y cualquier abogado apelaría a ese recurso para intentar liberar a sus clientes.

Desde luego que tiene múltiples deficiencias la “verdad histórica” de la PGR, como lo han señalado en distinto grado periodistas que han seguido el caso a profundidad.

Pero de algo no hay duda: los estudiantes fueron secuestrados por policías municipales de Iguala y Cocula, al servicio del cártel Guerreros Unidos (que gobernaba en Iguala), y ejecutados y calcinados por los sicarios de ese grupo criminal.

Una de las pruebas clave de que eso fue así, no provino de tortura alguna ni de sospecha de ella. Vino de los reportes de la DEA, que lograron interceptar, legalmente, comunicaciones entre integrantes del cártel Guerreros Unidos que operaban en Chicago y los enviaron a las autoridades mexicanas.

En un mensaje, El Gil le reporta al líder del cártel, Sidronio Carrubias: “Nunca los van a encontrar. Los hicimos polvo y los tiramos al agua”.

Otro, previo, entre los integrantes del cártel: “Ya les dimos trámite”.

Y uno también, muy importante: “No estuvieron los verdes ni los del Estado”.

¿Qué van a hacer ahora los promotores callejeros de la liberación de El Gil?

¿Seguir con la cantaleta de “fue el Estado”?

Muy pocas cosas son de reconocerse al presidente López Obrador, pero una de ellas es su voluntad de encontrar a todos los desaparecidos y ponerles nombre a los cadáveres en la medida de lo posible, para ser entregados a sus familiares.

Hayan sido buenos o malos, se trata de seres humanos.

Tiene razón también al afirmar que el Poder Judicial necesita reformarse, lo mismo que la FGR.

Aunque para llegar a la verdad no bastan las reformas, sino en este caso concreto de los 43 normalistas, dejar de lado la demagogia macabra de algunos de sus aliados que impiden decir quiénes y por qué mataron a los normalistas.

Escuchar menos a gente ideologizada como Ackerman y su secretaria de Desarrollo Social, y más a los profesionales que hay en su entorno.

https://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/contento-profesor-ackerman

La negligencia mata

09/09/2019

La realidad le está demostrando al gobierno que su demagogia mata.

Aún les quedan cinco años en Palacio Nacional y por el bien de todos los que vamos en el barco deben corregir en aspectos esenciales.

Abstenerse de matar gente en sus batallas contra enemigos imaginarios, por ejemplo.

Según ellos, por combatir a la corrupción dejaron de comprar insecticidas y larvicidas, indispensables para evitar la propagación de la fiebre hemorrágica conocida como dengue.

El resultado es que al día cinco de este mes van 120 personas muertas por dengue, según las cifras oficiales de la Secretaría de Salud.

Durante todo el año pasado se registraron 12 defunciones por esa causa.

Con el dengue las personas se mueren entre vómitos con sangre. También les sangran las encías y la nariz. Hay un dolor abdominal intenso.

Todo eso se previene con campañas de información en las zonas tropicales, y con fumigaciones que están en el presupuesto.

Nada de eso hizo el gobierno.

La Secretaría de Salud informó que “la razón por la que se compró el insecticida del mosquito del dengue hasta agosto, fue porque estamos luchando contra la corrupción”.

El parte de guerra en la lucha contra la corrupción, sólo en el caso del dengue, es que ya van 120 mexicanos muertos.

Todos esos muertos y no había tal corrupción. Sólo negligencia de las actuales autoridades.

Gobernar es difícil, sí, y más aún para quienes no están habituados a construir, sino a burlarse de quienes llevan la responsabilidad de la conducción del país.

¿Cuál es la inercia con la que llegaron al poder? Con la única que conocen hasta ahora: destruir.

Destruirlo todo porque en su febril carrera tras el poder, todo estaba mal.

La manera de luchar contra la corrupción en este caso del dengue, fue, hasta agosto, no gastar un centavo de los 192 millones 300 mil pesos presupuestados para la compra de insecticidas.

Ciento veinte muertos, de una manera dolorosa y atroz.

¿Qué tan grande era la corrupción para dejar ese saldo de personas muertas?

Veamos:

El subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, informó que “desde que llegamos a la presidencia hemos visto que se disputan el control de las compras generales. Mercados concentrados, amafiados, dos grandes grupos que se disputan el control…”

Para combatir esa corrupción de los grupos amafiados, la solución fue dejar de comprar los larvicidas e insecticidas.

Se guardaron esos 192.3 millones del presupuesto que no fueron a caer a manos de empresas amafiadas.

Luego de la batalla contra la corrupción en los insecticidas contra el dengue, al fin se realizaron, en agosto, las compras requeridas.

¿Y a quién se les compraron?

A las mismas empresas que les compró el gobierno anterior.

Pero esta vez ¿hubo algún concurso más estricto, más amplio?

No. Fue por adjudicación directa.

Quien con mayor profundidad ha trabajado el tema es el reportero Leonardo Domínguez, de El Universal, que consultó en la plataforma Compranet (oficial) e informó que “de los siete contratos que realizó este gobierno, seis son con las mismas empresas que trabajaron en el sexenio anterior y a las que hoy señalan como corruptas”.

Las empresas contratadas fueron Bayer, Codequim, Orange Line, Eco Suministro, Public Health Supply, Grupo Ikerri y Fomento Biotecnológico Ambiental.

Las mismas a las que compraban en el sexenio anterior.

¿Entonces?

¿Disculpen señores empresarios por haberlos llamados corruptos sin serlo?

¿Nuestro más sentido pésame a las familias de 120 personas muertas entre vómitos de sangre?

La ineptitud mata.

La página de la Secretaría de Salud indica que al 2 de septiembre se habían presentado siete mil 972 casos de dengue, mientras que en el mismo periodo del año anterior hubo mil 848.

Seguramente es la cifra referida a un tipo de dengue, porque el reportero Leonardo Domínguez publicó que los casos confirmados de dengue pasaron de tres mil 196 enfermos a 10 mil 211 en este año, mismo periodo.

La Secretaría de Salud lo admitió.

“Es cierto que hemos tenido tres veces más dengue”, dijo el subsecretario que da la cara por esta tragedia, Hugo López-Gatell.

Prometieron un sistema de salud pública a la altura de los países nórdicos y 30 millones de mexicanos les creyeron y posiblemente lo sigan creyendo, esperanzados.

Fallaron en una de las áreas donde México es más fuerte en el mundo, gracias a extraordinarias generaciones de sanitaristas: el control de epidemias.

Y fallaron por los fantasmas con que llegaron al poder: todo proveedor del sector público es un delincuente.

Tenemos cinco años por delante. Deben disminuir sus delirios de grandeza y poner los pies sobre la tierra.

Hay veces en que la demagogia cobra vidas, por hablar sólo del caso del dengue.

https://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/la-negligencia-mata

Para aprovechar un gran momento

10/09/2019Actualización 10/09/2019 – 8:46

La disputa comercial entre Estados Unidos y China convierte a México en el lugar ideal para las empresas que están expuestas a los riesgos que implica invertir en el país asiático y necesitan diversificarse.

Estas son las coyunturas favorables que raramente se presentan y hay que tomarlas al vuelo.

Hacerlo o no, depende de la visión del gobernante que ocupe la silla de Palacio Nacional.

¿Qué necesitamos para atraer la inversión productiva y desplazar a China en el mercado estadounidense?

Promoción de México en el exterior. Pero estamos cerrando oficinas comerciales en lugares clave de mundo, además de que al inicio del gobierno desaparecieron Proméxico.

La oferta de México como país idóneo para el comercio y la inversión, recibió un segundo golpe del gobierno al anunciar el cierre de nuestras representaciones comerciales en China, Japón, Bélgica, Canadá, Uruguay y Francia.

Se esgrimen razones de “austeridad”.

Por esa misma “austeridad” en diciembre cerró Proméxico.

Son autogoles.

La lógica indica que necesitamos promover, ahora como nunca, a nuestro país en el exterior para atraer empresas que inviertan y se desarrollen aquí.

Requerimos que más empresas se vengan a México para aumentar nuestras exportaciones a Estados Unidos y desplazar a los competidores en ese gran mercado que tenemos al lado.

Sí, la coyuntura, el TLCAN y las políticas de apoyo a las exportaciones de los sexenios recientes nos han puesto como el principal socio comercial de Estados Unidos, pero el pedazo más grande del mercado de ese país lo sigue teniendo China.

Es indispensable exportar más, tener más fábricas, industrias, dinamizar la actividad económica para que el país crezca.

Si se quiere distribuir riqueza, primero hay que generarla.

Ahora es el momento. Y estas oportunidades se dan, quizá, una vez en cada generación. El TLCAN es un buen ejemplo de ello.

El presidente López Obrador puso en el Presupuesto como principal prioridad “el rescate del sector energético”.

Pinta bien si eso significa hacer de México un fuerte país productor de petróleo y gas, para exportar y aumentar el consumo interno y ofrecerlo como ventaja al sector industrial.

Sería excelente ofrecer abundante disponibilidad de gas natural barato que podemos producir aquí, pues hay, y bastante. Y de un suministro abundante desde Texas, donde está el gas más económico del mundo. Ya no más trabas a los gasoductos.

Esperemos que en ese rescate del sector energético esté quitar obstáculos para que el sector privado extraiga gas.

Que dejemos de lado la prohibición del fracking, pues importamos gas extraído por ese método.

Si la idea en el gobierno es que sólo Pemex se haga cargo de toda la cadena de exploración, extracción y comercialización, estaremos cometiendo un doble error: nuestra empresa petrolera no tiene la fuerza para hacerlo todo, como no la tiene ninguna compañía monopólica en el mundo.

Y desviaremos recursos que deberían ir a infraestructura para conectar a nuestro sur subdesarrollado con el mercado de América del norte.

Necesitamos, también, ofrecer certeza jurídica a los inversionistas.

Frenaron la reforma energética en la que habían comprometidas inversiones extraordinariamente elevadas, y clausuraron un aeropuerto en el que ya había miles de millones de dólares en inversión privada.

Cambiar las reglas del juego por caprichos o razones ideológicas, no ayuda en nada.

¿Se puede rectificar? Sí, se puede. Ojalá también se quiera corregir. Nos beneficia a todos.

Pero si el gobierno, concretamente el Presidente, se amarra a atavismos ideológicos que carga desde hace muchos años, caeremos en la economía medieval que le fascina: la economía popular.

Me refiero al caballo que le da vueltas a la palangana de un trapiche para que salga jugo de caña y se llena un vaso, como ya referimos en esta columna hace algún tiempo.

La revolución industrial, que comenzó hace algunos siglos, le da la oportunidad de combinar: en lugar de un caballo (existen derechos de los animales) dándole vueltas todo el día al trapiche, mejor poner un motor.

Y en lugar de un vaso, se van llenando envases que se sellan de inmediato. Ese campesino se une a otros y llenan muchos envases, que certifican y exportan con el apoyo del gobierno: jugo de caña 100 por ciento natural.

Para que sea un éxito, el gobierno debe invertir en infraestructura: carreteras, puertos, líneas marítimas que pongan ese jugo en la mesa de los consumidores del este de Estados Unidos.

Y que a esos campesinos nadie les bloquee la carretera por ser empresarios “transnacionales” ni se permita que partidas de delincuentes les cobren derecho de piso y derecho de tránsito.

Es un gran momento. Ojalá haya visión.

https://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/para-aprovechar-un-gran-momento

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar